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martes, 11 de diciembre de 2012

"Educación obligatoria...vale. ¿Pero me será útil?"

Tras leer la reflexión de un compañero acerca de la Educación y su obligatoriedad, se me han venido a la cabeza una serie de ideas que me gustaría plasmar en el blog.

Para comenzar, plantearé una serie de preguntas que nos hagan entrar en debate.
¿Cuánta gente no identifica (encuentra relación alguna entre) su vida personal con su vida laboral?, ¿Cuánta gente va con ganas a trabajar en su día a día?, ¿Cuánta gente disfruta haciendo su trabajo?, ¿Cuánta gente trabaja en lo que había deseado toda la vida? y ¿Cuánta gente se arrepiente de trabajar en aquello que hace o incluso lo odia?...

Toda la vida ha existido la necesidad de trabajar, de ganarse la vida, de tener dinero para comer. Muchas veces hemos escuchado decir al chaval que acaba de terminar sus estudios básicos: "Estoy buscando curro". Por lástima, ese curro podría ser cualquier curro. Antes, trabajar era lo primero, lo más importante para las personas, para las familias. Y no sería por falta de trabajo, al cabo de unos días el sobrino de la tía del marido de su padre era acogido en cualquier sitio para "trabajar". Pero poco a poco, el estudiar ha ido cobrando fuerza en la sociedad, de forma que si no estudias no serás nadie. Sin embargo es gracioso el panorama, aquellos que se han tirado años de su vida delante de los libros acaban los estudios y se encuentran con el mercado laboral colapsado de gente (posiblemente por aquellos sobrinos que llegaron antes).

Esta es la realidad. Existe una separación entre los que no tienen estudios pero sí experiencia laboral, y los que no tienen experiencia laboral pero sí estudios, y más que estudios, títulos/certificaciones/créditos... Dedicaré una entrada para centrarme de lleno en este tema más adelante.

Por desgracia, hay mucha gente que no ha sabido encontrar su vocación cuando era joven y estudiaba todavía en educación primaria o secundaria, quizás porque las asignaturas que tenía no le interesaban o le parecían aburridas. Otros, más allá de las asignaturas y sus contenidos, tampoco irían a gusto a clase o "se la pelarían", posiblemente porque los profesores les cayeran mal, pasaran de ellos, etc. En definitiva, muy poca gente puede encontrar aquello a lo que realmente quiere dedicarse toda su vida. Y en gran parte, se debe al ambiente educativo en el que ha vivido desde que era un niño.

El año pasado tuve la oportunidad de leer un artículo sobre la Neuropsicología en la escuela, de J. A. Portellano Pérez, el cual me dejó bastante sorprendido. El autor plantea la necesidad de modificar la dinámica educativa en función de una educación cerebral más armónica, que preste mayor atención a las funciones del hemisferio derecho. Parece ser que varios estudios han demostrado que existe una hipertrofia de la funcionalidad del hemisferio izquierdo frente a una atrofia en las posibilidades de estimulación que nos brinda el hemisferio derecho. Esta situación debe superarse! Una alternativa interesante sería cambiar los aspectos estructurales del sistema de enseñanza, potenciando las disciplinas plásticas, creativas y de expresión lúdica, deportiva y motriz. La distribución horaria de la carga lectiva debería transformarse de forma que el HI y el HD tuvieran una cabida armónica en los programas docentes de la escolaridad básica. Los actuales criterios de orientación escolar tendrían que tener en cuenta las diferencias funcionales hemisféricas de cada alumno, para explotar y conseguir la máxima estimulación de su capacidad de aprendizaje.

¿Cuántas veces he salido de clase tras un duro día de 7 horas con la cabeza saturada? Muchas, demasiadas. Para que luego de esas 7 horas sólo aproveche un par. El resto se resume en cifras, fórmulas complejas, palabras sin sentido, largos textos aburridos... ¿Eso es educar? Seguro? Lo dudo mucho!

Ojalá que toda esa gente que hoy día se siente frustrada con sus trabajos hubiese tenido la oportunidad de disfrutar de una educación más íntegra, de encontrar qué es aquello que le gusta o le hace sentir competente, en definitiva, su vocación. Cuánto falta de eso en este país! Luego te plantas en segundo de bachillerato y te preguntan qué quieres ser en la vida. Y estoy seguro de que por lo menos el 60% de los estudiantes aún no lo saben a esas alturas.

Para terminar con todo este royo, opino que, como podemos ver, ya hemos dedicado (tanto desde la asignatura de Educación del movimiento como desde la cabecita de cada uno en particular) mucho tiempo a reflexionar sobre la educación y todo lo que la rodea, y sin embargo sólo obtenemos dilemas y más dilemas. La verdad es que es un tema muy complicado, del que se puede discutir sobre mil aspectos sin llegar a un final, pero a veces, ya no con el objetivo de que todo el sistema tuviese que cambiar radicalmente porque pueda estar  mejor o peor, no está de más que cada cual se haga preguntas e intente conseguir soluciones a las mismas. Yo cada vez tengo las cosas menos claras, lo veo todo muy difuso y difícil de concretar, y me acabo enroyando hablando y criticando sobre cien cosas a la vez, no lo puedo evitar!

Pero lo que sí me alivia en parte es el hecho de verme yo involucrado e influido por ese grupo tan interesante de disciplinas plásticas, creativas y de expresión lúdica, deportiva y motriz que tanto bien hacen en el cerebro humano; ya sea desde el punto de vista de la persona, el alumno o el futuro profesor que quizás sea algún día.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Soy un zoquete y siempre lo seré!

Ayer en clase hicimos el control de lectura (o mejor dicho, de NO lectura) del libro Mal de escuela.
Independientemente de que hayamos aprobado o suspendido, a cada uno le habrá supuesto cosas muy diferentes la lectura del mismo. En mi caso, la verdad es que me ha costado bastante leérmelo, se me hacía muy pesado a veces, pienso que será por la falta de un hilo conductor de principio a fin, ya que el autor encadena escenas muy concretas y aisladas respecto al contenido.

En un principio, pensaba que Mal de escuela no me había supuesto nada nuevo sobre la educación y el mundo de los "zoquetes". Sin embargo, profundizando sobre ello, pude establecer un paralelismo entre  su contenido y mi vida personal. Tengo un hermano pequeño que está ahora en 3º de la ESO ya, el que siempre ha sido "el malo" de los dos.

Cuando digo malo, me refiero a que, por unas circunstancias determinadas, siempre ha causado más "problemas" que yo. En realidad, las travesuras propias de los niños cuando son pequeños son algo muy normal, pero ya se empieza a convertir en un "problema" cuando en las hojas de seguimiento del alumno con tan solo 5 años pone: "se distrae continuamente", "no presta atención al maestro", "hace lo que le apetece", etc. Ya desde pequeñito se veía que no iba a despuntar en el cole. En los deportes no hay queja, los practica todos (un crack del tenis), y los sigue todos (dedicando varias horas al día analizando en detalle el teletexto con toda la información deportiva actualizada y dándole la tabarra a su hermano mayor nada más llega de la universidad). Pero cuando debe enfrentarse a una tarde de estudio de física y química no todo es tan fácil.

Hasta aquí no he dicho nada del otro mundo, hay niños que valen para unas cosas y otros que valen para otras, muy simple. Pero en cuanto esos niños no valen para estudiar, pueden caer bajo la denominación de "zoquetes". Y el problema comienza aquí. A mi hermano siempre le ha costado ponerse a estudiar o hacer los deberes y entenderlos, y yo siempre que he podido le he ayudado. Pero pensándolo bien, ¿cuántas veces le he dicho: "es que hay que ser burro para no entender eso!" o "eso lo pilla hasta un niño de infantil" o "como sigas así no vas a ser nadie en la vida"..?
La verdad es que cuando a un niño le cuesta y encima se le echan en cara sus dificultades, sólo se está contribuyendo a que cada vez sea más difícil su evolución en la materia. Una cosa es la autoridad, yo eso no lo critico, no es malo que se te ponga delante un tío grande con cara de cabreo y con un vozarrón que tira para atrás. Pero otra cosa muy diferente es saber adaptarse a las necesidades de cada alumno, e intentar que, más allá de sus grandes o escasos progresos, se le haga ver que lo está haciendo bien y por ello, está obteniendo recompensas.

Por eso, a mí me habría gustado tener más paciencia con mi hermano cuando éramos más pequeños (y aún hoy, por desgracia) como primer profesor que soy para él cuando estamos en casa; pues me estoy dando cuenta de la gran importancia que tiene no "crear zoquetes" sino "rescatarlos"; porque realmente puede ser muy duro para un niño ser uno de ellos por la gran cantidad de consecuencias negativas que puede conllevar (de las cuales el libro nos refleja muchas),  llegando a causar graves trastornos como la depresión, por no hablar de los conflictos sociales en los que puede verse inmerso (marginación, agresividad, drogas...).

En resumen, yo lo tengo muy claro. Educar no es tarea fácil, y más en pleno siglo XXI donde la cultura y la sociedad en suma han progresado tanto; lo que requiere una educación más inteligente y valiosa para el futuro. A aquellos que se vayan a dedicar a la docencia se les debería exigir de antemano la especialización en dos cualidades primordiales: VOCACIÓN Y OPTIMISMO. Tomo nota de ello.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Las 3 concepciones de la educación.

Durante la hora de prácticas de EDM de los últimos tres viernes, nos hemos dedicado a poner en acción diferentes "simulacros" del proceso de enseñanza-aprendizaje, correspondientes a las concepciones técnica, deliberativa y crítica de la educación en acción. A continuación muestro una síntesis de las 3 clases.

El primer día, dividimos la clase en dos grupos, y a su vez, en parejas. El profesor nos dijo que teníamos que ejecutar la acción del golpeo de mano baja de voleyball, indicándonos las pautas para la realización técnica correcta del gesto. Así, cada pareja se puso a pasarse el balón de dicha forma hasta que el profesor nos dijo que parásemos. Durante esos minutos de práctica, el profesor había valorado a cada alumno del 1 al 5 en función de si lo hacía bien o mal. 
Esta clase es un ejemplo de la concepción técnica de la educación, donde se busca un objetivo específico: la EFICACIA, concretamente en el golpeo de mano baja. De esta forma, la mejor clase (o método) resultaría aquella que garantizase el mayor T.C.M. (tiempo de compromismo motor), es decir; el mayor número de personas y tiempo realizando una determinada actividad. Para coseguir mejorar esto, el profesor podría variar el método en caso de que no aprendiesen ciertos niños, aplicando otras variantes igual de válidas. Esta concepción  educativa tendría, por tanto, íntima relación con la concepción utilitaria del cuerpo y el movimiento.


El segundo día, también se dividió la clase en dos, y en cada grupo se hacían dos filas. El profesor explicó muy por encima el golpeo de mano baja y comenzamos a hacer pases de fila a fila, cada vez uno. Poco a poco, el profesor iba dándonos más feedback para que consiguiéramos alcanzar la forma más conveniente a cada uno de nosotros para que el balón llegara al otro lado. Sin embargo, no todos lo hacía igual de bien, había un grupo de alumnos que sí lo hacían bien, pero otros que se sentían frustrados porque no conseguían nada. Por ello, la labor del profesor era intentar que todos se sintieran bien con lo que conseguían, aunque fuera muy difícil. 

Esta clase, por tanto, era ya diferente a la anterior, ya que el profesor estaba cerca de los alumnos para ayudarlos a realizar la tarea, es decir; ahora se parte de unas realidades, que son las personas, y se va modificando o adaptando el proceso de enseñanza (espiral de reflexión-acción). Así pues, la mejor clase sería aquella en la que el profesor se involucrase en la realidad, en esa espiral R-A desde una perspectiva (concepción) deliberativa (la que más amplia tenga la espiral R-A). En este caso, mediante el método del descubrimiento guiado se pretende llegar a un objetivo no de eficacia, sino más bien de ÉTICA. Ante realidades complejas, no buscar el fin, sino la deliberación, disfrute, experimentación..; para alcanzar algo muy importante, la satisfacción personal. Ello se corresponde con la concepción vivencial de cuerpo y el movimiento.

El tercer día, cada grupo tuvo que analizar el anuncio del GYM form 8 como un producto dirigido a "mejorar la salud y calidad de vida" de las personas, y elaborar un contraanuncio del GYM form 8 (un producto imaginario con mensajes diametralmente opuestos). Los diversos grupos expusieron al resto sus anuncios, los cuales fueron muy variados. El "Gordoleitor 8000" fomentaba el sedentarismo; el "Miércoles XXXL" la comida basura; las "Algas Peris" el bienestar interno; el "TRX" el esfuerzo físico; y el "Fat Magic" los estereotipos. Como resumen, se pudo apreciar que habían propuestas que contradecían la esencia y los efectos del GYM form 8 (falaz) dando a conocer otros productos totalmente opuestos, y por otro lado, habían otras que simplemente buscaban alternativas diferentes y más interesantes.
En esta última práctica, era la concepción crítica de la educación la que entraba en acción, relacionada con la concepción socio-cultural del cuerpo y el movimiento, también vista en clase. Como conclusión, pensamos que el GYM form 8 no vale, que hay otras cosas más deseables, más útiles para conseguir unos objetivos. Paralelamente en la educación sucede algo así; no todo lo que se nos plantea de antemano (por un sistema, unos libros, unos profesores, unas programaciones...) vale, sino que hay que criticarlo y buscar alternativas adaptadas a la realidad, a los propósitos concretos de las personas.

domingo, 25 de noviembre de 2012

¿Para qué sirve ésto..? Si lo sé, me quedo en casa!

Cuando me planteo: "¿Qué me gustaría que pasara siempre en clase?", lo primero que se me viene a la cabeza es una frase que nos dijo Víctor el último día en clase. APRENDER ALGO VALIOSO DE MANERA VALIOSA. Por supuesto, algo valioso para cada uno de los diferentes alumnos que componen una clase. No todos tenemos interés por las mismas cosas, y pienso que es imprescindible que se despierte la curiosidad que lleva cada uno dentro de sí. Además, sería interesante que se diesen situaciones de una mayor proximidad e interconexión entre el alumno y el profesor, y con los compañeros.
"¿Por qué sería deseable que pasara eso que me gustaría que pasara siempre en clase?"
Porque no todo proceso de enseñanza-aprendizaje es educativo, y la mejor manera de intentar que lo sea es proporcionar o fomentar un conocimiento o ideas generales sobre un tema de interés a los niños para que estos sean capaces de reflexionar y llegar a unas conclusiones significativas (por lo menos para ellos) por sí solos; y después sean capaces de debatir y argumentar las cosas con el resto. Es cierto que hay materias que se deben enseñar a los niños cuando estudian en niveles de enseñanza básicos, pero un poco de "autonomía guiada" no vendría nada mal para ir forjando personas íntegras, coherentes, comprometidas con la sociedad, y autoindependientes. 
En definitiva, la educación tiene que ser un entrenamiento para la propia vida.


Sin embargo, en mi opinión, todo lo anterior queda muy lejos de la realidad de cada alumno y sus deseos de qué y cómo aprenderlo. Dada la complejidad de la tarea de aquellos profesionales que se dedican a "educar", por desgracia todavía hoy en día, la educación avanza lentamente y sigue siendo similar a la de hace años. Esta concepción se ve reflejada perfectamente en la siguiente imagen, donde parece que el proceso de enseñanza-aprendizaje queda reducido a una simple "inyección" de contenidos concretos y obligatorios impuestos por alguien "desconocido".
Ojalá que ir al colegio fuera siempre de la mano de una sonrisa...







Muy interesantes los principios de procedimiento propuestos por Stenhouse, que han vuelto a hacerme reflexionar mucho sobre las bases y objetivos del proceso educativo actual; retomando algunas de las ideas ya expuestas en comentarios que realicé anteriormente como el del ensayo "Qué es educar" o la reflexión sobre la película La Educación Prohibida.

martes, 13 de noviembre de 2012

La Educación Prohibida


Esta película ha conseguido llamar mi atención de principio a fin. Su contenido complementa perfectamente la temática tratada en el pasado ensayo "Qué es educar".

En ella se ponen de manifiesto las grandes INCOHERENCIAS o aberraciones que existen en el sistema educativo, y  las CONTRADICCIONES entre los contenidos impartidos y las verdaderas necesidades de los niños y jóvenes hoy en día. Parece ser que la escuela no ha evolucionado al mismo ritmo que la sociedad. 

Se habla mucho de democracia, de libertad, de valores morales, etc., pero después la realidad es que ir a la escuela significa monotonía, obediencia, competitividad, materialismo; y en algunos casos, aburrimiento, decepción y fracaso. De esta forma, ya desde pequeños, se nos está quitando el derecho de decidir qué queremos ser, hacer, sentir, o pensar.

La enseñanza primaria debería ser más general, donde se fomentara el autoaprendizaje; una continuación de la enseñanza infantil, donde los niños puedan encontrarse los unos con los otros, conocer y explorar sus experiencias, intercambiar ideas y llevarlas a la realidad. Al niño hay que entenderlo, amarlo; los resultados vienen solos! 

Por tanto, esta película, la cual recomiendo a todo el mundo, invita a que nos hagamos preguntas como: ¿Educación significa escuela?, ¿Hay otras formas de aprendizaje?, ¿Qué propuestas son útiles en el aprendizaje?...
Espero que os haga reflexionar, a mí me ha servido de mucho.

Ensayo: ¿Qué es educar?

En el presente ensayo (9/11/2012) hablaremos sobre qué es educar. Antes que nada, me gustaría hacer alusión al libro de Fernando Savater:El valor de educar (1996), el cual me parece interesantísimo por la cantidad de verdades que dice en todo momento. La lectura del prólogo y el capítulo 2 de dicho libro han despertado en mí un sentimiento de disconformidad, de insatisfacción ante la triste realidad que atraviesa el sistema educativo en nuestros días, y en especial, por sentirme inmerso en el mismo.

            En primer lugar, creo que sería muy valioso remarcar algunas de las ideas que defiende Savater en su libro, con quien me he sentido muy identificado al reflexionar acerca de la educación.

            En el prólogo, comienza señalando que hoy en día existe una infravaloración de la enseñanza primaria y los maestros; y que “poco se habrá avanzado mientras la enseñanza básica no sea prioritaria en inversión de recursos, atención institucional y como centro del interés público”. Otro autor que ha contribuido a la realización del libro de Savater (J.C. Tedesco: El nuevo pacto educativo), opina que la crisis educativa actual “no proviene de la deficiente forma en que la educación cumple con los objetivos sociales que tiene asignados, sino que, más grave aún, no sabemos qué finalidades debe cumplir y hacia dónde efectivamente orientar sus acciones”.

            En el capítulo 2 habla sobre los contenidos de la enseñanza. Savater define al ser humano como un conjunto formado por una herencia biológica y una herencia cultural, donde necesariamente hay un proceso de aprendizaje. De esta forma, afirma que la enseñanza está ligada intrínsecamente al tiempo, y que la condición humana nos da a todos la posibilidad de ser al menos en alguna ocasión maestros de algo para alguien. Entonces, ¿por qué la enseñanza constituye una dedicación profesional? Muy sencillo. Por el simple hecho de que porque cualquiera pueda enseñar algo, no quiere decir que cualquiera sea capaz de enseñar cualquier cosa. A medida que las comunidades van evolucionando culturalmente, los conocimientos se van haciendo más abstractos y complejos. Por ello, la institución educativa aparece cuando lo que ha de enseñarse es un saber científico, no meramente empírico y tradicional.

            Una vez situados en el centro del meollo, nos adentraremos en el conflicto. Toda educación es deliberada y coactiva, no mera imitación: por lo que conviene precisar y sopesar los objetivos concretos que tal educación ha de proponerse. El filósofo español Juan Deval (especializado en Psicología Evolutiva y de la Educación) expone: “Una reflexión sobre los fines de la educación es una reflexión sobre el destino del hombre, sobre el puesto que ocupa en la naturaleza, y las relaciones entre los seres humanos”. Pues bien, parece que hoy en día hay grandes contradicciones entre lo que es la educación, y lo que persigue o debería perseguir.

            Si viajamos por un momento a la época de la Grecia Clásica (final del Helenismo), podemos ver cómo en aquella época se inauguró una distinción binaria entre la educación y la instrucción. La educación corría a cargo del pedagogo, quien fomentaba en el ámbito interno del hogar los valores ético-cívicos. Y por su parte, la instrucción corría a cargo del maestro, quien enseñaba a los niños una serie de conocimientos instrumentales (lectura, escritura, aritmética...). La vida se dividía en activa (ciudadanos libres en la polis) y productiva (laboriegos, artesanos,...). De esta forma, el pedagogo era el verdadero educador, quien tenía una tarea de primordial interés, imprescindible para destacar en la vida activa.

            En general se puede decir que la educación orientada a la formación del alma y el cultivo de los valores morales y patrióticos, siempre había sido considerada de más alto rango que la instrucción, que da a conocer destrezas técnicas o teorías científicas. Pero es a partir del siglo XIX cuando los conocimientos proporcionados por la instrucción se convierten en imprescindibles para fundar una educación igualitaria y tolerante. Y ya de cara a la actualidad, el conocimiento científico (al ser más unitario y objetivo) ha pasado a estar por encima de las propuestas morales y políticas y su multiplicidad de valores (que ha quedado relegado al ámbito familiar...).

            La idea es clara. En mi opinión, hemos ido a peor. Supuestamente, la enseñanza institucional (del mundo occidental, y más aun, de nuestro país) se ha erigido en algo “seguro y práctico”. No lo tengo tan claro. Realmente, hemos pasado de una educación basada en la formación ético-cívica a otra en la que continuamente se están creando, como dice Savater, “robots asalariados”.

            Personalmente, he tenido la suerte o la desgracia de haber experimentado en primera persona los efectos de esta educación moderna (a primaria y secundaria me refiero) hace poco tiempo. Y no puedo quejarme de asignaturas, he aprendido muchas cosas sobre lenguas, matemáticas, geografía, historia, física, química, etc. Pero, cuántas veces he pensado: “¿cómo se hace este ejercicio?, ¿para qué me mandan esto?, ¿qué tiene que ver con el tema?”. En otras ocasiones, me he visto agobiado entre varias cosas pendientes, entre las cuales siempre había algún trabajo de búsqueda de información sobre algo que no sabía ni lo que era, y que acababa copiando y pegando para acabar más rápido. También me resulta sorprendente el recordar cómo podía almacenar en mi cabeza al pie de la letra “todo el tocho” correspondiente al bloque de la Revolución Francesa con tan sólo quince añitos (y sin entender más de la mitad de cosas) para luego “vomitarlo” ante el examen en una hora escasa y que en tan solo una semana se me haya olvidado más de la mitad de información.

            Ahora me gustaría saber qué hay detrás de todos esos ejercicios, de esas asignaturas (más o menos interesantes) que he cursado, de aquellos profesores que tanto insistían en que lleváramos los deberes al día, de de esos libros que he subrayado una y otra vez, de los redactores, editores y autores de los mismos, y en definitiva; de la educación que he recibido. Realmente, he comprobado con mis ojos la gran carencia de valores (respecto a una formación de la personalidad propia) que presenta la educación moderna actual, y también he tenido la suerte de no caer en ellos gracias a algunos buenos profesores que ya nos advertían de ello, y a otros que eran pésimos.

            Por todo lo dicho, es imprescindible que las bases de la educación se aferren a los propósitos de la sociedad en cada momento, y que los profesores realicen su labor lo mejor posible, teniendo en cuenta que lo importante es “enseñar a aprender”, o como dice J.Balmes: “El arte de aprender consiste en formar fábricas y no almacenes”. Aún así, hoy, parece paradójico cuando en momentos difíciles se invierte en “educación” como instrumento búsqueda de soluciones, de futuro. ¿Seguro? Habrá que volver a los griegos!