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martes, 18 de diciembre de 2012

La ola.

                                         


Drama alemán dirigido por Dennis Gansel basado en el experimento psicológico realizado en California en 1967 llamado Tercera Ola.  El profesor Ron Jones, para explicar a sus alumnos cómo el parido alemán nazi logró convencer a sus ciudadanos, intentó formar en su misma clase un grupo revolucionario afín al ideario de Adolf Hitler.

Pero se le fue de las manos y el movimiento se esparció más allá de las aulas. Basado en la maleabilidad de la mentalidad juvenil, este experimento muestra un ejemplo tanto para comprender el fanatismo político nazi como para evitarlo o crearlo.

Os recomiendo esta película, la cual yo vi hace dos años y me pareció muy buena. Pienso que puede tener relación con el tema de si la escuela (desde el sistema en este caso) puede crear malas personas, malos estudiantes, o incluso personas enfermas...y todo lo que se ha dicho tras el terrible suceso del asesinato en Connecticut.
Yo ya me he calentado bastante la cabeza dándole vueltas.
Ahí os lo dejo.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Amaya Valdemoro, pasión por jugar.



El haber visto este pequeño documental sobre la vida personal y trayectoria profesional de la baloncestista Amaya Valdemoro ha despertado un gran interés en mí de principio a fin. Conocía muy por encima quién era Amaya, su palmarés deportivo, etc. pero sin embargo, no era consciente de la grandeza que poseía esta deportista.

Como se muestra en el documental, ya desde pequeña llevaba consigo siempre una energía que canalizaba a través del deporte, comenzando a destacar ya con apenas doce años en el atletismo, y deslumbrando a muchos unos años después con el manejo del balón. Parece que es cierto eso de que los talentos nacen, o por lo menos en el caso de Amaya era así. Sus primeros entrenadores de baloncesto ya veían en ella una futura estrella nacional e incluso mundial, una joven que rebosaba competitividad, cualidades y persistencia. Con el paso del tiempo fue ascendiendo de nivel, llegando a jugar incluso en la NBA femenina, donde ella misma asegura que, a pesar de formar parte del banquillo, aprendió muchísimas cosas. De regreso a su país, fue una figura imprescindible para la Selección Española, llegando a quedar terceras del mundo y segundas de Europa.

Los problemas empezaron a llegar cuando Amaya, como muchos otros deportistas de élite, estaba llevando a su cuerpo al extremo, y las lesiones empezaron a pasarle factura. A pesar de ello, en el deporte hay personas que son capaces de conseguir el máximo rendimiento por encima de lo posible (la gota que colma el vaso), y la fortaleza psicológica de Amaya permitía que incluso jugara partidos medio “coja”. Pero sin duda, hay una parte del documental que me pone los pelos de punta, el momento en que cae al suelo y sufre la lesión más grave de su carrera: la fractura de las dos muñecas. En ese momento se puede apreciar en sus gestos la impotencia y el dolor que padece la jugadora, llegando a perder levemente el conocimiento un par de veces.

Como éste, ha habido muchos casos de deportistas que, a raíz de lesiones graves y dada su prolongada carrera profesional en dicho momento, han decidido retirarse definitivamente. Resulta increíble ver que Amaya Valdemoro, a sus 35 años de edad y viéndose impedida para cocinar, lavarse la ropa, conducir, etc., lo único que piense sea recuperarse de sus muñecas (dos meses antes de lo que pronosticaron los médicos) y plantearse un reto: volver a jugar a baloncesto. Es conmovedor escuchar las palabras de la jugadora cuando afirma con solidez: “...pensando que esto se me ha acabado, al día siguiente me levanté y dije hasta aquí hemos llegado, no pasa nada, si estoy haciendo tres horas, pues voy a hacer otra hora más y esto hay que sacarlo”. La gente que la rodeaba decía: “ella quiere luchar contra todo el mundo, y contra sí misma”, “y hasta que no vuelva a ser competitiva, no se va a ir del baloncesto, no la veo retirarse arrastrándose”, “necesita competir porque sino, no es feliz”.

Finalmente, ella misma dice angustiada que tiene miedo de dejar de jugar, que no quiere, que no sabría como llevarlo, que mucha parte de ella se iría detrás, que le faltaría algo. Porque LE ENCANTA JUGAR A BALONCESTO, y lleva desde los 14 años dedicándose cuerpo y alma a meter un balón por una canasta.  Para mí, es una preciosa historia, con la cual podemos entender la grandeza del deporte como forma de vida para muchas personas, que te pone barreras pero también objetivos, y te hace ser quien tú desees. 

El guerrero pacífico.

La película El Guerrero Pacífico narra la vida de Dan Millman, un joven universitario que practica Gimnasia Artística, concretamente anillas, quien tiene por objetivo lograr el Oro Olímpico algún día. Una noche Dan tiene una pesadilla, al caer después de hacer una acrobacia se parte la pierna en trozos. Tras el sobresalto, el joven se levanta de madrugada y sale a dar una vuelta, acabando en una gasolinera abierta donde conoce a un hombre mayor que le sorprende con sus pensamientos y acciones fantásticas (a quien llama Sócrates).
Dan necesita saber más sobre aquel hombre que tan extraño le parece, y noche tras noche se pasa por la gasolinera, donde establecen varias conversaciones. Sócrates ve que el chico se atormenta demasiado por las cosas que lo rodean (las mujeres, las horas de entrenamiento, la competencia con sus compañeros), tiene demasiadas preocupaciones, por lo que le aconseja que aprenda a vivir cada momento porque es único. Al principio, Dan lo toma por un loco, él sólo piensa en lograr títulos, honores, tener éxito, popularidad... Un día, sin embargo, sufre un grave accidente y se fractura el fémur, lo cual impide que siga entrenando por muchos meses. Es a partir de ese incidente cuando Dan empieza a cambiar su filosofía de vida y se deja ayudar por Sócrates y su nueva amiga Joy; intentando vivir y saborear cada instante del presente que le rodea.   Poco a poco, con mucho trabajo y valor, empieza a mejorar su rendimiento físico a pesar de ver reducidas sus capacidades, e incluso convence a su entrenador de que va a volver a la competición. Finalmente, Dan realiza una actuación excepcional en las anillas mientras se detiene el tiempo para él y recuerda su conversación con Sócrates: “¿Dónde estás Dan?” “Aquí”, “¿Qué hora es?” “Ahora”, “¿Qué eres?” “Este momento”; consiguiendo el Oro Olímpico que tanto había soñado desde hacía tiempo.


                 Me ha parecido una película excepcional. Pienso que la filosofía de vida de disfrutar al máximo el día a día es la más adecuada para conseguir el bienestar o equilibrio interno. Yo mismo desde hace no mucho, me empecé a plantear esta idea, porque hay momentos en los que abusamos de las preocupaciones sobre qué pasará mañana o la semana que viene, o el año que viene..., y vale más la pena centrarse en lo que hagas cada día, desde que te levantes hasta que te acuestes. Hay cosas que no se pueden controlar, porque dependen de factores externos a ti (la suerte, el resto de personas, el ambiente, etc.) y por tanto no hay que pensar en ellas; sólo hay que tratar de hacer lo mejor posible todo aquello que esté a tu alcance en un momento dado.
Más concretamente, en la película se incluye el ámbito del deporte, y estoy seguro que muchos de los que la hayan visto, se habrán visto identificados con sus respectivos deportes en algún momento de alguna competición. Como ya hemos visto en clase de Psicología, hay una contraposición entre la orientación a la tarea y la orientación al ego del deportista. En la película se aprecia claramente como cuando Dan se olvida de las tonterías (tener que ser el mejor, críticas de los compañeros, qué pasaría si no ganara el oro...) y se centra únicamente en la correcta ejecución de la tarea, consigue el máximo rendimiento y se siente verdaderamente feliz.
En definitiva, aconsejo a todo el mundo que vea detenidamente esta película, la cual le hará ponerse en la piel del “Dan deportista” o del “Dan persona” y pensar cómo puede encaminar sus acciones hacia una forma de vida más conveniente y placentera.       


                          



jueves, 13 de diciembre de 2012

Títulos y más títulos...

En la anterior entrada, estaba hablando sobre la importancia que tiene estudiar en la actualidad. Desde que yo era pequeño, ya en el colegio y en casa se me decía que si no me aplicaba no sería nadie en la vida. Además, como ya hemos visto, la enseñanza de hoy se basa (por desgracia) en darle al alumno una serie de contenidos predeterminados (demasiados) para que los aprenda de memoria y luego los "vomite" en el examen. De esta manera, aquellos niños que no tienen ningún tipo de trastorno perceptivo o cognitivo y encima les gusta portarse bien (por decirlo de alguna manera) y cumplir con sus obligaciones, se ven rodeados por un montón de deberes que deben llevar día a día. Sin embargo, el resto, aquellos que no sigan las instrucciones del maestro, que no estudien el temario, o que se dediquen a invertir el tiempo en otras cosas tendrán un futuro más crudo.

El paso del tiempo va situando a todos esos niños en determinadas salidas profesionales, algunos se ponen a trabajar en lo primero que encuentran una semana después de acabar la ESO, otros deciden hacer un grado superior, otros se presentan a selectividad para acceder a la Universidad y hacer una carrera.

En mi caso, yo pertenezco a este último grupo, quizás a los que más se nos haya exigido hasta llegar donde hemos llegado. Me refiero a la "cantidad" de estudio. Muchos temas, muchas asignaturas (algunas innecesarias para mi futuro), muchas horas frente al escritorio, muchas horas de insomnio, muchos exámenes en muy poco tiempo, y mucho dolor de cabeza... Todo resumido al final del año en una sola nota, la que determinará tu futuro. Realmente, es mucho trabajo, y encima te quedan los cuatro años de carrera después de eso. Es gracioso cuando me pongo a pensar en todo lo que he aprendido en tantos años en el colegio...muy poco!

Para colmo, la situación actual no es fácil. Estamos en crisis, miles de personas en paro, y miles de nuevos estudiantes buscando un hueco donde ganarse la vida. Entonces la competitividad aumenta de forma exagerada. No vale con estudiar, tienes que estudiar más, hasta que revientes. Hasta que sepas más que todos los demás y entonces puedas encontrar un trabajo más fácilmente. Yo siempre he sido una de esas personas que se preocupan demasiado por lo que les rodea, obligaciones, responsabilidades, etc. Pero ya estoy un poco harto de hacer las cosas así, siempre con líos en la cabeza, pendiente de muchas tareas (tantas que a veces no sabes ya cuáles son las más importantes), de lo que tienes que hacer mañana, la semana y el mes que viene; y sobre todo, sin levantar la mirada de el reloj, como un esclavo del tiempo. He llegado a la conclusión de que es mucho más valioso vivir el día a día, centrándote cada segundo en lo que tengas delante, disfrutando el presente y sin preocuparte por el mañana. Cada uno verá lo que hace.

Pero bueno, volviendo a lo de antes, aunque vivas más tranquilo o más nervioso, que no se te olvide estudiar. Aunque, ¿qué significa hoy en día tener una carrera? Nada. Aún necesitas tener más. Tienes que rellenar el currículum con todo lo que se te ocurra. Sácate cursillos de lo que sea. En el campo de la actividad física y el deporte la verdad es que pueden haber muchas salidas, de lo que me alegro bastante. Con la carrera puedes especializarte en diversas opciones: gestión, docencia, salud, alto rendimiento, recreación... Y además, si encima tienes títulos extras mejor que mejor: monitor de natación, de fútbol, de tenis, de baloncesto, de rugby, de fitness acuático, entrenador personal, etc. 

Qué maravilla! Cuánta facilidad, puedes ser hasta una persona multifunciones que sabe de todo. Pero cómo accedes a eso? A base de dinero y más dinero. Muchas veces incluso resulta increíble, puedes sacarte el título de tal cosa invirtiendo una pasta pero tan solo  unas cuantas horas de tu vida. Es un poco extraño. Hay muchas ofertas, puedes optar a cursos de lo que quieras y sacártelos en un plis plas. Pero siempre PAGANDO. Entonces, ¿toda esa gente que aprende tanto en tan poco tiempo está bien preparada para ejercer en tal actividad? ¿O simplemente puede permitirse el lujo de decir "mira todo lo que tengo" y luego no tener ni idea de nada? ¿Y aquellos otros que no pueden pagarse tantos títulos? ¿Ya no podrán ser igual que el resto, sólo porque no tengan un certificado oficial firmado por la real fundación de no sé qué? Pues qué lástima. Y encima, luego te sacas el título de lo que sea y resulta que vas a trabajar a un sitio y te dicen que eso no te acredita como tal, que tenías que habértelo sacado por la federación o leches. ¿Y tú qué ibas a saber si en ese sitio te han engañado o no, y si hay varias empresas que lo ofrecen y algunas son "oficiales" y otras no?

En definitiva, de todo se hace negocio. Estamos en una sociedad materialista en la que si pagas, tendrás títulos y serás alguien. Y así funciona todo. Saturación, competitividad y mucho espabilado. O te mueves o te quedarás atrás...

martes, 11 de diciembre de 2012

"Educación obligatoria...vale. ¿Pero me será útil?"

Tras leer la reflexión de un compañero acerca de la Educación y su obligatoriedad, se me han venido a la cabeza una serie de ideas que me gustaría plasmar en el blog.

Para comenzar, plantearé una serie de preguntas que nos hagan entrar en debate.
¿Cuánta gente no identifica (encuentra relación alguna entre) su vida personal con su vida laboral?, ¿Cuánta gente va con ganas a trabajar en su día a día?, ¿Cuánta gente disfruta haciendo su trabajo?, ¿Cuánta gente trabaja en lo que había deseado toda la vida? y ¿Cuánta gente se arrepiente de trabajar en aquello que hace o incluso lo odia?...

Toda la vida ha existido la necesidad de trabajar, de ganarse la vida, de tener dinero para comer. Muchas veces hemos escuchado decir al chaval que acaba de terminar sus estudios básicos: "Estoy buscando curro". Por lástima, ese curro podría ser cualquier curro. Antes, trabajar era lo primero, lo más importante para las personas, para las familias. Y no sería por falta de trabajo, al cabo de unos días el sobrino de la tía del marido de su padre era acogido en cualquier sitio para "trabajar". Pero poco a poco, el estudiar ha ido cobrando fuerza en la sociedad, de forma que si no estudias no serás nadie. Sin embargo es gracioso el panorama, aquellos que se han tirado años de su vida delante de los libros acaban los estudios y se encuentran con el mercado laboral colapsado de gente (posiblemente por aquellos sobrinos que llegaron antes).

Esta es la realidad. Existe una separación entre los que no tienen estudios pero sí experiencia laboral, y los que no tienen experiencia laboral pero sí estudios, y más que estudios, títulos/certificaciones/créditos... Dedicaré una entrada para centrarme de lleno en este tema más adelante.

Por desgracia, hay mucha gente que no ha sabido encontrar su vocación cuando era joven y estudiaba todavía en educación primaria o secundaria, quizás porque las asignaturas que tenía no le interesaban o le parecían aburridas. Otros, más allá de las asignaturas y sus contenidos, tampoco irían a gusto a clase o "se la pelarían", posiblemente porque los profesores les cayeran mal, pasaran de ellos, etc. En definitiva, muy poca gente puede encontrar aquello a lo que realmente quiere dedicarse toda su vida. Y en gran parte, se debe al ambiente educativo en el que ha vivido desde que era un niño.

El año pasado tuve la oportunidad de leer un artículo sobre la Neuropsicología en la escuela, de J. A. Portellano Pérez, el cual me dejó bastante sorprendido. El autor plantea la necesidad de modificar la dinámica educativa en función de una educación cerebral más armónica, que preste mayor atención a las funciones del hemisferio derecho. Parece ser que varios estudios han demostrado que existe una hipertrofia de la funcionalidad del hemisferio izquierdo frente a una atrofia en las posibilidades de estimulación que nos brinda el hemisferio derecho. Esta situación debe superarse! Una alternativa interesante sería cambiar los aspectos estructurales del sistema de enseñanza, potenciando las disciplinas plásticas, creativas y de expresión lúdica, deportiva y motriz. La distribución horaria de la carga lectiva debería transformarse de forma que el HI y el HD tuvieran una cabida armónica en los programas docentes de la escolaridad básica. Los actuales criterios de orientación escolar tendrían que tener en cuenta las diferencias funcionales hemisféricas de cada alumno, para explotar y conseguir la máxima estimulación de su capacidad de aprendizaje.

¿Cuántas veces he salido de clase tras un duro día de 7 horas con la cabeza saturada? Muchas, demasiadas. Para que luego de esas 7 horas sólo aproveche un par. El resto se resume en cifras, fórmulas complejas, palabras sin sentido, largos textos aburridos... ¿Eso es educar? Seguro? Lo dudo mucho!

Ojalá que toda esa gente que hoy día se siente frustrada con sus trabajos hubiese tenido la oportunidad de disfrutar de una educación más íntegra, de encontrar qué es aquello que le gusta o le hace sentir competente, en definitiva, su vocación. Cuánto falta de eso en este país! Luego te plantas en segundo de bachillerato y te preguntan qué quieres ser en la vida. Y estoy seguro de que por lo menos el 60% de los estudiantes aún no lo saben a esas alturas.

Para terminar con todo este royo, opino que, como podemos ver, ya hemos dedicado (tanto desde la asignatura de Educación del movimiento como desde la cabecita de cada uno en particular) mucho tiempo a reflexionar sobre la educación y todo lo que la rodea, y sin embargo sólo obtenemos dilemas y más dilemas. La verdad es que es un tema muy complicado, del que se puede discutir sobre mil aspectos sin llegar a un final, pero a veces, ya no con el objetivo de que todo el sistema tuviese que cambiar radicalmente porque pueda estar  mejor o peor, no está de más que cada cual se haga preguntas e intente conseguir soluciones a las mismas. Yo cada vez tengo las cosas menos claras, lo veo todo muy difuso y difícil de concretar, y me acabo enroyando hablando y criticando sobre cien cosas a la vez, no lo puedo evitar!

Pero lo que sí me alivia en parte es el hecho de verme yo involucrado e influido por ese grupo tan interesante de disciplinas plásticas, creativas y de expresión lúdica, deportiva y motriz que tanto bien hacen en el cerebro humano; ya sea desde el punto de vista de la persona, el alumno o el futuro profesor que quizás sea algún día.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Soy un zoquete y siempre lo seré!

Ayer en clase hicimos el control de lectura (o mejor dicho, de NO lectura) del libro Mal de escuela.
Independientemente de que hayamos aprobado o suspendido, a cada uno le habrá supuesto cosas muy diferentes la lectura del mismo. En mi caso, la verdad es que me ha costado bastante leérmelo, se me hacía muy pesado a veces, pienso que será por la falta de un hilo conductor de principio a fin, ya que el autor encadena escenas muy concretas y aisladas respecto al contenido.

En un principio, pensaba que Mal de escuela no me había supuesto nada nuevo sobre la educación y el mundo de los "zoquetes". Sin embargo, profundizando sobre ello, pude establecer un paralelismo entre  su contenido y mi vida personal. Tengo un hermano pequeño que está ahora en 3º de la ESO ya, el que siempre ha sido "el malo" de los dos.

Cuando digo malo, me refiero a que, por unas circunstancias determinadas, siempre ha causado más "problemas" que yo. En realidad, las travesuras propias de los niños cuando son pequeños son algo muy normal, pero ya se empieza a convertir en un "problema" cuando en las hojas de seguimiento del alumno con tan solo 5 años pone: "se distrae continuamente", "no presta atención al maestro", "hace lo que le apetece", etc. Ya desde pequeñito se veía que no iba a despuntar en el cole. En los deportes no hay queja, los practica todos (un crack del tenis), y los sigue todos (dedicando varias horas al día analizando en detalle el teletexto con toda la información deportiva actualizada y dándole la tabarra a su hermano mayor nada más llega de la universidad). Pero cuando debe enfrentarse a una tarde de estudio de física y química no todo es tan fácil.

Hasta aquí no he dicho nada del otro mundo, hay niños que valen para unas cosas y otros que valen para otras, muy simple. Pero en cuanto esos niños no valen para estudiar, pueden caer bajo la denominación de "zoquetes". Y el problema comienza aquí. A mi hermano siempre le ha costado ponerse a estudiar o hacer los deberes y entenderlos, y yo siempre que he podido le he ayudado. Pero pensándolo bien, ¿cuántas veces le he dicho: "es que hay que ser burro para no entender eso!" o "eso lo pilla hasta un niño de infantil" o "como sigas así no vas a ser nadie en la vida"..?
La verdad es que cuando a un niño le cuesta y encima se le echan en cara sus dificultades, sólo se está contribuyendo a que cada vez sea más difícil su evolución en la materia. Una cosa es la autoridad, yo eso no lo critico, no es malo que se te ponga delante un tío grande con cara de cabreo y con un vozarrón que tira para atrás. Pero otra cosa muy diferente es saber adaptarse a las necesidades de cada alumno, e intentar que, más allá de sus grandes o escasos progresos, se le haga ver que lo está haciendo bien y por ello, está obteniendo recompensas.

Por eso, a mí me habría gustado tener más paciencia con mi hermano cuando éramos más pequeños (y aún hoy, por desgracia) como primer profesor que soy para él cuando estamos en casa; pues me estoy dando cuenta de la gran importancia que tiene no "crear zoquetes" sino "rescatarlos"; porque realmente puede ser muy duro para un niño ser uno de ellos por la gran cantidad de consecuencias negativas que puede conllevar (de las cuales el libro nos refleja muchas),  llegando a causar graves trastornos como la depresión, por no hablar de los conflictos sociales en los que puede verse inmerso (marginación, agresividad, drogas...).

En resumen, yo lo tengo muy claro. Educar no es tarea fácil, y más en pleno siglo XXI donde la cultura y la sociedad en suma han progresado tanto; lo que requiere una educación más inteligente y valiosa para el futuro. A aquellos que se vayan a dedicar a la docencia se les debería exigir de antemano la especialización en dos cualidades primordiales: VOCACIÓN Y OPTIMISMO. Tomo nota de ello.

domingo, 25 de noviembre de 2012

¿Para qué sirve ésto..? Si lo sé, me quedo en casa!

Cuando me planteo: "¿Qué me gustaría que pasara siempre en clase?", lo primero que se me viene a la cabeza es una frase que nos dijo Víctor el último día en clase. APRENDER ALGO VALIOSO DE MANERA VALIOSA. Por supuesto, algo valioso para cada uno de los diferentes alumnos que componen una clase. No todos tenemos interés por las mismas cosas, y pienso que es imprescindible que se despierte la curiosidad que lleva cada uno dentro de sí. Además, sería interesante que se diesen situaciones de una mayor proximidad e interconexión entre el alumno y el profesor, y con los compañeros.
"¿Por qué sería deseable que pasara eso que me gustaría que pasara siempre en clase?"
Porque no todo proceso de enseñanza-aprendizaje es educativo, y la mejor manera de intentar que lo sea es proporcionar o fomentar un conocimiento o ideas generales sobre un tema de interés a los niños para que estos sean capaces de reflexionar y llegar a unas conclusiones significativas (por lo menos para ellos) por sí solos; y después sean capaces de debatir y argumentar las cosas con el resto. Es cierto que hay materias que se deben enseñar a los niños cuando estudian en niveles de enseñanza básicos, pero un poco de "autonomía guiada" no vendría nada mal para ir forjando personas íntegras, coherentes, comprometidas con la sociedad, y autoindependientes. 
En definitiva, la educación tiene que ser un entrenamiento para la propia vida.


Sin embargo, en mi opinión, todo lo anterior queda muy lejos de la realidad de cada alumno y sus deseos de qué y cómo aprenderlo. Dada la complejidad de la tarea de aquellos profesionales que se dedican a "educar", por desgracia todavía hoy en día, la educación avanza lentamente y sigue siendo similar a la de hace años. Esta concepción se ve reflejada perfectamente en la siguiente imagen, donde parece que el proceso de enseñanza-aprendizaje queda reducido a una simple "inyección" de contenidos concretos y obligatorios impuestos por alguien "desconocido".
Ojalá que ir al colegio fuera siempre de la mano de una sonrisa...







Muy interesantes los principios de procedimiento propuestos por Stenhouse, que han vuelto a hacerme reflexionar mucho sobre las bases y objetivos del proceso educativo actual; retomando algunas de las ideas ya expuestas en comentarios que realicé anteriormente como el del ensayo "Qué es educar" o la reflexión sobre la película La Educación Prohibida.

martes, 13 de noviembre de 2012

La Educación Prohibida


Esta película ha conseguido llamar mi atención de principio a fin. Su contenido complementa perfectamente la temática tratada en el pasado ensayo "Qué es educar".

En ella se ponen de manifiesto las grandes INCOHERENCIAS o aberraciones que existen en el sistema educativo, y  las CONTRADICCIONES entre los contenidos impartidos y las verdaderas necesidades de los niños y jóvenes hoy en día. Parece ser que la escuela no ha evolucionado al mismo ritmo que la sociedad. 

Se habla mucho de democracia, de libertad, de valores morales, etc., pero después la realidad es que ir a la escuela significa monotonía, obediencia, competitividad, materialismo; y en algunos casos, aburrimiento, decepción y fracaso. De esta forma, ya desde pequeños, se nos está quitando el derecho de decidir qué queremos ser, hacer, sentir, o pensar.

La enseñanza primaria debería ser más general, donde se fomentara el autoaprendizaje; una continuación de la enseñanza infantil, donde los niños puedan encontrarse los unos con los otros, conocer y explorar sus experiencias, intercambiar ideas y llevarlas a la realidad. Al niño hay que entenderlo, amarlo; los resultados vienen solos! 

Por tanto, esta película, la cual recomiendo a todo el mundo, invita a que nos hagamos preguntas como: ¿Educación significa escuela?, ¿Hay otras formas de aprendizaje?, ¿Qué propuestas son útiles en el aprendizaje?...
Espero que os haga reflexionar, a mí me ha servido de mucho.